Dijimos que pondríamos un
punto final. Yo lo hice. Tú también. Y el bar de la esquina donde nos solíamos
encontrar casualmente se encargó de poner el tercero. El punto final se
convirtió en tres puntos suspensivos y de ahí salió una frase sin acabar. Como
nosotros. Acabados y hundidos. Como si no hubiésemos tenido suficiente con
tropezarnos, con colisionarnos uno frente al otro y escribirnos cuentos rotos
con un final no apto para cardíacos.
domingo, 28 de abril de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
Tú no. Tú nunca.
No encuentras tu reflejo porque te quitaron todos
los espejos que decían la verdad. Fuiste tú el que pediste como última
instancia antes de tu fingida muerte que retiraran todos los que te miraban
fijamente y te decían un “no”. Pero en realidad eras tú, tu subconsciente te
decía que no. Así que tiraste la moneda al aire y esperaste a que el destino
trabajase por ti.
Nunca lo consigues. El destino
está cansado de repetirte que nada depende él.
viernes, 22 de marzo de 2013
Siempre o nunca.
Como una película de domingo por la tarde en la televisión. Como los
sueños que olvidas al despertar. Como tu reflejo en los escaparates en los que
te detienes. Como tu sombra en un día soleado. Como un cero a la izquierda.
Esas realidades que no modifican al mínimo el transcurso de una vida.
Eso es lo que yo soy para ti.
El problema llega cuando la tarde de domingo se torna aburrida. Cuando
te das cuenta de que no hay sueños que recordar. Cuando el escaparate no te
devuelve tu reflejo. Cuando buscas tu sombra y no la encuentras. Cuando el cero
cambia de lugar y se sitúa en el divisor, enviándote un infinito.
Todo cambia y te preguntas por qué ya no están ahí. Si siempre han
estado tienen que reaparecer. Y te impacientas pidiendo su vuelta, culpando a
la televisión, a tu inconsciente, al escaparate, a tu sombra y al cero por
tratarte de este modo tan inhumano. Dime ¿qué derecho tienes de reivindicar
aquello a lo que nunca le has dado la importancia que merecía?
Ahora esas realidades sí que modifican el transcurso de tu vida.
Aprende a darme importancia siempre o a no hacerlo nunca.
Foto: videoclip "Lo malo está en el aire" de Andrés Suárez.
viernes, 15 de marzo de 2013
Siempre es el tiempo.
Lo que antes te sorprendía
ahora se ha convertido en rutina, una rutina que encierra sin barrotes.
Un
círculo vicioso que vuelve al inicio cuando menos lo deseas.
La delgada línea entre lo
correcto y el impulso de cerrar los ojos y dar el paso sin pensarlo. Antes de que el momento se quiebre y los
trocitos despedacen cada minuto que pasa, sin detenerse, sin preguntarse para
qué seguir. ¿Y si el día de mañana no existe? ¿Y si hemos estado malgastando
nuestro tiempo?
Llegará el día.
Algún día.
No me decepciones.
Los secretos merecen ser llamados secretos cuando se guardan para uno
mismo.
En el momento en el que se cuentan pierden toda la magia.
Y yo estoy que
reboso de ella.
domingo, 3 de marzo de 2013
Tú.
lunes, 28 de enero de 2013
Pidamos imposibles.
Cuando llegó el momento de
la despedida y me pediste dos besos, me arrepentí de dártelos. Eso no era lo
que yo quería y en el fondo deseaba que tú tampoco. Somos como dos líneas
paralelas que caminan al lado pero nunca se cruzan. Te veo, sé que estás ahí,
pero yo quiero que nos desviemos, que nuestras líneas se entrelacen y no se suelten
nunca.
Es tu turno. Te toca pedir
otro imposible.
miércoles, 23 de enero de 2013
Ya no hay quien nos cambie.
Somos así. Y cuando creemos
que nos hemos convertido en la excepción, no hacemos más que afirmar lo
incoherentes que somos y la incoherencia en la que vivimos.
Nos enseñan antes a juzgar
que a comprender a los demás. Hablamos sin base ni fundamento y lo hacemos a
las espaldas y en voz baja. Porque eso de decir la verdad a la cara está mal
visto, se ve que se ha pasado de moda. Y eso es algo que debemos seguir todos,
no me vayan a decir que estoy fuera de onda. Mentimos sin compasión, pero deberíamos
recordar que se alcanza antes a un mentiroso que a un cojo. Fingimos ser
maravillosos, y a veces lo somos: maravillosamente arrogantes y egoístas.
Pedimos confianza en los demás pero nosotros sólo confiamos en nuestra propia
palabra. Las buenas intenciones desaparecen, ahora únicamente entregamos
nuestra mano para conseguir algo a cambio. Nos quejamos de los pecados de los
demás, pero no nos damos cuenta de que los nuestros se asoman por la esquina.
Pero eso sí, tú sígueme
sonriendo. Que parece que todo lo solucionamos pasando de página, sin saber que
antes de eso, hay que terminar de escribirla.
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